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Nuestra mirada
¿De qué hablamos cuando hablamos de tipografía?
¿Tradición romana o nuevas tecnologías?
¿Qué nos planteamos hoy cuando abordamos la enseñanza de tipografía?
Al abordar la enseñanza de tipografía siempre nos preguntamos de qué manera implementarla. Todos sabemos que las computadoras han revolucionado el hacer tipográfico y que, con su uso, se ha planteado o un giro comparable al propuesto por Gutenberg en el 1500 con los libros impresos.
Detengámonos por un momento en la comunicación visual, que se manifiesta y actúa a través de dos sistemas que tienen la misma esencia: el trazo.
• El icónico, o de la imagen (representación de la realidad)
• El textual, la palabra escrita (conceptualización de la realidad)
Este mundo textual se materializa primero en el discurso y luego en la escritura. Esta tiene a la letra como símbolo estructural mínimo que representa los sonidos y articulaciones del idioma, producto de un complejo desarrollo cultural en el que intervienen factores de distinto orden.
La tipografía surge de imitar la escritura manuscrita, la multiplica transformándola en escritura mecanizada. Este principio, paulatinamente, reorienta al conjunto de la tipografía hacia una especificidad propia que le da cuerpo y la convierte en un sistema normalizado.
Tipografía es hoy el término genérico que se refiere a todos los métodos de producción de la escritura para transmitir visualmente nuestro lenguaje, no sólo la grafología de los individuos, sino también la de los pueblos, las épocas y los códigos sociales que facilitan la comunicación. El diseño tipográfico refleja todas las influencias de los movimientos de arte, de las escuelas de diseño y el continuo desarrollo de las nuevas tecnologías.
La capacidad de formular un lenguaje hablado y de interpretarlo a través de un código visual, como el alfabeto, son los requerimientos esenciales para lograr una comunicación gráfica.
Comprender la relación entre estos dos elementos es el desafío de la enseñanza del diseño tipográfico en la era del PostScript: la tipografía entendida no como un fin en sí mismo sino como vehículo de comunicación, la historia, la morfología y la tecnología; los aspectos semióticos y funcionales.
Cuando tomé la titularidad de la materia Tipografía en la UBA, en 1990, me pregunté por primera vez ¿qué hacer? Marco esta fecha porque significa un punto de quiebre con una contradicción que hoy sigue vigente: ¿tradición romana o nuevas tecnologías? Es entonces cuando se dicta por primera vez esta materia de manera independiente al Taller de Diseño y es también en ese momento cuando se instala definitivamente y sin vuelta atrás el uso de la computadora.
Cuando me hice cargo de la cátedra tenía como antecedente mi propia formación de diseñadora en Comunicación Visual egresada de La Plata en la primera mitad de los ´70. Entonces el acento estaba dado en los aspectos comunicacionales del diseño, con un fuerte sustento teórico; la tipografía y los resultados prácticos eran secundarios, lo importante era tener una “buena memoria descriptiva”. Como contrapartida, en la segunda mitad de esa década estuve en Francia, en la Ecole Estienne, de formación esencialmente práctica. Es entonces cuando descubro la tipografía como materia independiente y la elijo como especialización. Por entonces parecía un miembro de la orden tipográfica de las “monjas copistas”, es decir, tenía una formación tradicional para la cual sólo existían “las buenas familias”, ya sea antiguas o modernas, pero siempre “puras”.
En los 80, después de transitar ambas experiencias, La Plata y Francia, comienzo mi actividad docente en Buenos Aires. Me propongo hacer una síntesis de ellas, intento dejar de lado los purismos y apelar simultáneamente al pensar y al hacer, a la teoría y a la práctica.
Al desafío que me había planteado la enseñanza, se suma ahora uno nuevo: la computadora. Desde 1989 la incorporo a mi hacer profesional. Experimentando con ella descubro un mundo de posibilidades. Con la informática todo se hace posible en tipografía: espaciado, capitales, alineación (no importa qué, no importa cómo).
La tipografía se democratiza del mismo modo que se democratizó la lectura con la invención de la imprenta. Esto no significa que todos los que acceden a la tipografía puedan hacer diseño. La tecnología actual hace posibles todas las formas, con los riesgos y posibilidades que ello implica.
Las condiciones técnicas siempre influyeron en la forma de los signos...
la historia, la morfología y la tecnología; los aspectos semióticos y funcionales.
Cuando tomé la titularidad de la materia Tipografía en la UBA, en 1990, me pregunté por primera vez ¿qué hacer? Marco esta fecha porque significa un punto de quiebre con una contradicción que hoy sigue vigente: ¿tradición romana o nuevas tecnologías? Es entonces cuando se dicta por primera vez esta materia de manera independiente al Taller de Diseño y es también en ese momento cuando se instala definitivamente y sin vuelta atrás el uso de la computadora.
Cuando me hice cargo de la cátedra tenía como antecedente mi propia formación de diseñadora en Comunicación Visual egresada de La Plata en la primera mitad de los ´70. Entonces el acento estaba dado en los aspectos comunicacionales del diseño, con un fuerte sustento teórico; la tipografía y los resultados prácticos eran secundarios, lo importante era tener una “buena memoria descriptiva”. Como contrapartida, en la segunda mitad de esa década estuve en Francia, en la Ecole Estienne, de formación esencialmente práctica. Es entonces cuando descubro la tipografía como materia independiente y la elijo como especialización. Por entonces parecía un miembro de la orden tipográfica de las “monjas copistas”, es decir, tenía una formación tradicional para la cual sólo existían “las buenas familias”, ya sea antiguas o modernas, pero siempre “puras”.
En los 80, después de transitar ambas experiencias, La Plata y Francia, comienzo mi actividad docente en Buenos Aires. Me propongo hacer una síntesis de ellas, intento dejar de lado los purismos y apelar simultáneamente al pensar y al hacer, a la teoría y a la práctica.
Al desafío que me había planteado la enseñanza, se suma ahora uno nuevo: la computadora. Desde 1989 la incorporo a mi hacer profesional. Experimentando con ella descubro un mundo de posibilidades. Con la informática todo se hace posible en tipografía: espaciado, capitales, alineación (no importa qué, no importa cómo).
La tipografía se democratiza del mismo modo que se democratizó la lectura con la invención de la imprenta. Esto no significa que todos los que acceden a la tipografía puedan hacer diseño. La tecnología actual hace posibles todas las formas, con los riesgos y posibilidades que ello implica.
Las condiciones técnicas siempre influyeron en la forma de los signos...
A partir de Gutenberg, la experimentación ha sido una constante en el diseño tipográfico. Los cambios más marcados se plantearon a principios del 1800. Las familias tradicionales fueron reemplazadas por las egipcias para hacer frente a las nuevas demandas publicitarias. Aparecen también las primeras “sans serif”. Estas dos familias son totalmente opuestas a la tradición romana.
Entonces se plantea un gran problema ¿nos inclinamos por la tradición o por las nuevas tecnologías?
Cuando se cree en la perfección del pasado se olvidan las posibilidades que plantea el presente. “No es cuestión, repito, de aferrarse al pasado o de abrazar fervientemente lo moderno, sino de vivir la transición de un proceso a otro como una fase de evolución enriquecedora para lograr un cambio no traumático”, afirma Sesma Prieto*....
Tradición romana y nuevas tecnologías
Estos dos términos son opuestos sólo en apariencia; del mismo modo, es falsa la dicotomía entre teoría y práctica. El diseñador de nuestra época debe realizar una síntesis. Estamos en el camino de resolver el conflicto entre la tradición tipográfica y las nuevas tecnologías. La diferencia es cultural, no tecnológica. Es necesario plantarse qué es una cultura tipográfica y qué es un diseño tipográfico. Para acercarse a la síntesis entre tradición romana y nuevas tecnologías hay que evitar los dogmatismos.
Varios dogmas se han sucedido en el recorrido entre estilo y legibilidad del diseño tipográfico:
• Plantear diseños simplemente en función de reglas geométricas estrictas, o pretender asimilar la página impresa a un cuadro abstracto (como si se tratara de adaptar Mondrian a la tipografía).
• Soñar que con la página uniforme, gris, que destierra las jerarquías de valores necesarias para el lector, como sugiere la escuela suiza que, en su punto extremo, propone la utilización de un sólo caracter, un sólo cuerpo, siempre con un mismo justificado, un mismo interlineado.
• Pretender que 4 ó 5 familias, como Garamond, Frutiger, Meta o Myriad, cubran todas las necesidades del diseño tipográfico.
Pero a pesar de estos dogmas, en todas las épocas hubo acontecimientos que marcaron el hacer tipográfico:
• La Futura surge con una preocupación por la legibilidad, aún dentro del esquema geométrico, propuesto en la escuela Suiza.
• La Univers surge en esa misma escuela, y es uno de los grandes logros de la tipografía contemporánea.
• Neville Brody, que tiene tiene una formación tradicional, revoluciona el mundo editorial en los 80 con su trabajo tipográfico.
Sé que que estos hechos que avanzaron sobre la tradición y sobre... los dogmas, no se perciben hoy con la importancia que tuvieron. En esa relación entre tradición y nuevas tecnologías, el diseño tipografico del grupo Emigré puede relacionarse con el de John Baskerville, aún cuando lo separen más de dos siglos. En este país de poca memoria… Brody puede parecer hoy tan lejano como Caslon (y muchos piensan con ingenuidad que la tipografía sale de la pantalla, como la leche del sachet). Hay que dejar de lado los dogmatismos; tomar partido por la tradición es tan corto de miras como adscribirse sin cuestionamientos a las nuevas tecnologías.
Es importante tener presente también que es a partir de la pantalla que comienza una nueva mirada y un nuevo hacer del diseño tipográfico, otro camino en su progreso. Ya no es el trazo como punto de partida en el desarrollo de alfabetos sino el pixel.
El diseño tipográfico es una fuerza vital en las comunicaciones visuales, debe ser lo suficientemente flexible para encontrar soluciones de acuerdo a cada trabajo.
Conviene aclarar a qué me refiero cuando hablo de nuevas tecnologías. La incorporación de la informática al diseño gráfico en sus comienzos se dio, fundamentalmente, en forma de nuevas herramientas; influyó en la manera de diseñar, pero los productos finales eran esencialmente los mismos: impresos.
Hoy, la informática supera el concepto de herramienta: generó nuevos medios y lenguajes como el CD rom, Internet, etc. Esto nos plantea un nuevo pensamiento de diseño. Tenemos el desafío permanente de reformular los principios de la tipografía y la composición a los nuevos modos de ver y leer.
Contrariamente a esa “democratización” de la tipografía que nos trajo la informática, en la universidad masiva no disponemos de la tecnología, por lo que considero que enseñar tipografía para los nuevos medios es hoy complicado, ya que transitamos por esa delgada línea roja que puede llegar a tergiversar el sentido de lo que se está transmitiendo.
Entonces, ¿cómo unir los dos discursos, tradición y nuevas tecnologías?, ¿cómo hablar de los nuevos medios sin contar con ellos en las aulas?
En la educación del diseño, son muy importantes los cambios que implica la incorporación de los ordenadores y, generalmente, no lo suficientemente evaluados. Por un lado, la computadora desplaza al dibujo, no sólo como actividad motriz que todo diseñador poseía antes en mayor o menor escala, sino como forma de conocimiento relacionado con la observación de la realidad y la reflexión sobre ella. Y por otra parte, modifica la etapa proyectual. Esto produce, en la etapa...
de aprendizaje, el reemplazo de un modo de trabajar más secuencial y reflexivo, que registra del proceso, por el método prueba—error de forma casi excluyente, dificultando la incorporación del pensamiento abstracto.
La metodología de enseñanza que proponemos parte de la intuición para llegar a la razón. Y el proceso de aprendizaje se plantea a partir del desarrollo de la capacidad de observación, destinada a aumentar la percepción y comprensión del signo tipográfico, y de la capacidad analítico-crítica derivada de las prácticas de taller. Así, el alumno, va construyendo el conocimiento en la medida que actúa en el proceso de diseño. Tipografía vincula todos los saberes de las diferentes materias que hacen a la carrera (tiene todo lo proyectual de la materia Diseño Gráfico y lo particular y específico de lo tipográfico). Es un espacio de construcción y producción de conocimiento.
La enseñanza—aprendizaje debe realizarse en la interrelación entre teoría y práctica. Por eso la modalidad taller.
Se trata de lograr una unidad de pensamiento entre el decir y el hacer, entre el pensamiento y la acción. La teoría no es un hecho aislado que antecede al proyecto, sino que se genera al comprender las diferentes temáticas, se elabora en los procesos de diseño y se consolida en la respuesta gráfica adecuada. No hay una manera, no hay una fórmula. Hay diferentes caminos que convierten el hecho de diseño en un acto intencional.
dcv Silvia H. González
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dcv. Silvia h González
Titular
Diseñadora en Comunicación Visual, diploma obtenido en la Universidad Nacional de La Plata, Argentina, (1972-1976).
En el año 1978, llega a París, Francia, a continuar sus estudios de Diseño en la Ecole Estienne. La asistencia a los Recontres Internationale de Lure definió ese año su especialización en Tipografia. El maestro continúa |
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